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La típica siesta, que nuestros hijos pueden tomar en el jardín o en nuestro hogar tiene propiedades mucho más importantes que solo el hecho de dormir.

Resulta que gracias a este tipo de descanso, ellos logran una gran ayuda con respecto a la capacidad de desarrollo y aprendizaje.

Unos estudios realizados en la Universidad de Arizona, el cual consistía en repetir frases a 50 niños de 15 meses de edad (aproximadamente) hasta que se acostumbraran a ellas. Luego, se les dejaba tomar una siesta de cuatro a ocho horas que dio como resultado que los niños mostraron evidencia de aprendizaje abstracto; cosa que no paso con los niños que no durmieron siesta.

Esto se explica ya que durante la fase REM del sueño, el cerebro posee una mayor capacidad para procesar y entender la información más fácilmente. Si el niño aprende algo nuevo y enseguida duerme, su cerebro tendrá más en cuenta esa clase de información para ser entendida y asimilada.

Este beneficio, se aplica a las personas de edad mayor, estudiantes de universidades y adultos pueden aplicar este método para retener mejor datos y partes especificas de sus estudios; el problema que con la edad avanzada el sistema de asimilación no es tan bueno como el de un niño, sin embargo funciona de la misma manera.

Así que los padres ya no verán la siesta como una forma de que sus hijos pierdan el tiempo, ya que están desarrollándose internamente y aprendiendo, de forma tranquila y silenciosa.

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