
Chuparse el dedo es un hábito que la mayoría de los bebés y hasta los niños pequeños tienen. Comienza alrededor del tercer mes y puede llegar a durar hasta los 5 ó 6 años inclusive. Todos los padres saben que es nada saludable esta práctica, por lo que intentan evitar de cualquier manera que lo hagan, algunas de ellas, por ejemplo, untándole sustancias amargas en los dedos a sus hijos, riñéndolos o amenazándolos con vendarle el dedo que se chupan. Sin embargo, estos métodos no son para nada efectivos.
Es necesario tener en cuenta que cuando un bebé se succiona el dedo es debido a que esto le da una sensación de mucha calma y placer, por lo que el reñirlo o amenazarlo solo lo llevaría a que se lo chupe con más fuerza o mayor frecuencia. Aunque sí es necesario disuadirlo de que deje de hacerlo.
Los daños que son consecuencia de chuparse el dedo dependerán de la intensidad y duración de esta acción, pero a la larga puede provocar desplazamiento de los huesos de las mandíbulas, daños en los dientes y deformaciones en la mano. En el primer año del bebé no hay riesgos y podemos dejar que se chupe el dedo, pero ya luego de cumplido el año es necesario tratar de evitarlo.
Por ejemplo, cuando el bebé tiene entre uno y tres años, lo más eficaz es distraerlo, ya que, por lo general, esto lo hace distraído. Pruebe buscar la causa de que se chupe el dedo, si es por aburrimiento, juegue con él, si es de sueño, acuéstelo, o puede darle algo que lo mantenga entretenido, como un muñeco, así tendrá las manos ocupadas.
Si tiene más de cuatro el problema ya es mayor, pues entiende lo que se le habla. Pruebe darle explicaciones de por qué no debe hacerlo, así como un sistema de recompensas cuando logre estar mucho tiempo sin chupárselo.

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